El rincon de la lectura DIVIÉRTETE Y APRENDE
El recurso ideal para padres y maestros con ganas de educar a sus niños de forma eficaz y divertida.
Mejora sus valores y el ambiente en la familia a partir de nuestros cuentos cortos.
LOS CUATRO AMIGOS
| Tiempo atrás, en las selvas de la India los animales tenían la capacidad de razonar y hablar. Un día, un cuervo reposaba tranquilamente a la sombra de un árbol, cuando vio acercarse a un cazador con muy malas intenciones. |
El ave se quedó muy quieta para no llamar la atención del hombre y vio cómo
ponía una trampa para cazar, y colocaba trigo encima de ella. Al cabo de un
rato, una bandada de palomas llegó para comerse el trigo. En cuanto pusieron
sus patitas en la trampa, una red cayó sobre ellas y quedaron atrapadas. Pero
haciendo uso de su inteligencia, las palomas aletearon y volando con la red
sobre ellas, fueron con el amigo ratón y éste, sin pedir nada a cambio, mordió
la red con sus dientecillos y logró liberar a las palomas.
El cuervo vio el acto de generosidad del ratón y deseó con todas sus fuerzas ser su amigo. Después insistir y de que el ratón perdió el miedo al cuervo, ambos se hicieron amigos y se fueron a vivir a un lugar donde había agua y pastos, donde nadie pudiera matar al ratón.
En su nuevo hogar, el ratón y el cuervo se encontraron con la tortuga, quien no los reconoció y, muerta de miedo, se lanzó al agua. Sin embargo, cuando reconoció la voz del cuervo, quien era su amigo, la tortuga salió tranquila.
El ratón comenzó a contarles sus hazañas y cómo había aprendido a valorar la amistad sincera por encima de todas las cosas. Así los tres se fueron haciendo inseparables.
Un día, llegó un venado asustado porque lo perseguían unos cazadores y tanto el ratón, como el cuervo y la tortuga lo aceptaron y protegieron. El venado permaneció algún tiempo con ellos, pero un día no volvió. El cuervo voló para buscarlo y lo encontró atrapado en una red. Regresó a contarles a los otros dos, y juntos fueron a rescatarlo. El ratón cortó con sus dientes la red, pero venado sintió mucha tristeza, porque cuando regresara el cazador la única que no podría escapar sería tortuga. Y así fue.
Al volver el cazador, el cuervo voló, el ciervo corrió y el ratón se escondió, y la pobre tortuga fue puesta en una red. Al ver a su amiga atrapada, los otros tres amigos idearon el plan perfecto para rescatarla,
¿Quieren saber cuál fue ese plan? Ok, pero esa será otra historia. ESA HISTORIA LA HACES TU.
El cuervo vio el acto de generosidad del ratón y deseó con todas sus fuerzas ser su amigo. Después insistir y de que el ratón perdió el miedo al cuervo, ambos se hicieron amigos y se fueron a vivir a un lugar donde había agua y pastos, donde nadie pudiera matar al ratón.
En su nuevo hogar, el ratón y el cuervo se encontraron con la tortuga, quien no los reconoció y, muerta de miedo, se lanzó al agua. Sin embargo, cuando reconoció la voz del cuervo, quien era su amigo, la tortuga salió tranquila.
El ratón comenzó a contarles sus hazañas y cómo había aprendido a valorar la amistad sincera por encima de todas las cosas. Así los tres se fueron haciendo inseparables.
Un día, llegó un venado asustado porque lo perseguían unos cazadores y tanto el ratón, como el cuervo y la tortuga lo aceptaron y protegieron. El venado permaneció algún tiempo con ellos, pero un día no volvió. El cuervo voló para buscarlo y lo encontró atrapado en una red. Regresó a contarles a los otros dos, y juntos fueron a rescatarlo. El ratón cortó con sus dientes la red, pero venado sintió mucha tristeza, porque cuando regresara el cazador la única que no podría escapar sería tortuga. Y así fue.
Al volver el cazador, el cuervo voló, el ciervo corrió y el ratón se escondió, y la pobre tortuga fue puesta en una red. Al ver a su amiga atrapada, los otros tres amigos idearon el plan perfecto para rescatarla,
¿Quieren saber cuál fue ese plan? Ok, pero esa será otra historia. ESA HISTORIA LA HACES TU.
(Sara Nava Sanmillán, Los cuatro amigos. México)
Había
una vez un señor muy alto, que tenía los pies tan grandes, que con un solo paso
avanzaba como si hubiera dado tres.
El señor estaba orgulloso de sus pies, porque gracias a ellos podía hacer lo que más le gustaba: viajar.
Así, recorría con gusto los caminos. Su única propiedad era una bolsa donde guardaba un recuerdo de cada lugar que visitaba.
Un día se encontró a un pastor; luego de platicar un rato, éste le presumió:
–Fíjate que allá en mi tierra, viven unos peces que vuelan; y tú ¿de dónde eres?
El señor se quedó callado. No recordaba de dónde era, por eso respondió:
–No sé. Hace tanto tiempo que viajo, que ya lo olvidé.
–Si quieres te llevo con alguien que te puede ayudar –dijo el pastor.
Entonces fueron a ver a un gran sabio que vivía en una cueva.
Allí, el sabio dijo:
–Busca unas piedras que tienen huellas de pies como los tuyos; aunque escuches ruidos extraños, no temas, allá conocerás tu origen.
A partir de ese día, el señor caminó más rápido aún, pues deseaba encontrar las piedras. Fue al mar, a los cerros y al bosque, pero las piedras no aparecían.
Así lo hizo, pero su viaje era cada vez más largo. Ya le dolían los pies y miraba sin interés lo que había a su alrededor.
Una tarde oscureció temprano y el señor no pudo continuar su viaje. De pronto, oyó unas voces en el viento. Asustado, puso una mano sobre su oído y se durmió.
En su sueño, vio dos gigantes parecidos a él, aunque más altos y con pies enormes.
–Ha terminado tu búsqueda –le dijo uno de ellos.
El otro gigante continuó:
–Un día, a nuestro pueblo lo destruyó el egoísmo. Tú eres el último gigante, ahora que lo sabes, sigue tu viaje y haz el bien.
En eso, el señor despertó. Frente a él, estaban las piedras que tanto buscó. Eran muy grandes y tenían las huellas de sus antepasados.
Luego de un rato, recogió una piedrita y la guardó en la bolsa de su pantalón.
Era tiempo de seguir su camino, ya sabía dónde había nacido.
El señor estaba orgulloso de sus pies, porque gracias a ellos podía hacer lo que más le gustaba: viajar.
Así, recorría con gusto los caminos. Su única propiedad era una bolsa donde guardaba un recuerdo de cada lugar que visitaba.
Un día se encontró a un pastor; luego de platicar un rato, éste le presumió:
–Fíjate que allá en mi tierra, viven unos peces que vuelan; y tú ¿de dónde eres?
El señor se quedó callado. No recordaba de dónde era, por eso respondió:
–No sé. Hace tanto tiempo que viajo, que ya lo olvidé.
–Si quieres te llevo con alguien que te puede ayudar –dijo el pastor.
Entonces fueron a ver a un gran sabio que vivía en una cueva.
Allí, el sabio dijo:
–Busca unas piedras que tienen huellas de pies como los tuyos; aunque escuches ruidos extraños, no temas, allá conocerás tu origen.
A partir de ese día, el señor caminó más rápido aún, pues deseaba encontrar las piedras. Fue al mar, a los cerros y al bosque, pero las piedras no aparecían.
Así lo hizo, pero su viaje era cada vez más largo. Ya le dolían los pies y miraba sin interés lo que había a su alrededor.
Una tarde oscureció temprano y el señor no pudo continuar su viaje. De pronto, oyó unas voces en el viento. Asustado, puso una mano sobre su oído y se durmió.
En su sueño, vio dos gigantes parecidos a él, aunque más altos y con pies enormes.
–Ha terminado tu búsqueda –le dijo uno de ellos.
El otro gigante continuó:
–Un día, a nuestro pueblo lo destruyó el egoísmo. Tú eres el último gigante, ahora que lo sabes, sigue tu viaje y haz el bien.
En eso, el señor despertó. Frente a él, estaban las piedras que tanto buscó. Eran muy grandes y tenían las huellas de sus antepasados.
Luego de un rato, recogió una piedrita y la guardó en la bolsa de su pantalón.
Era tiempo de seguir su camino, ya sabía dónde había nacido.
Gloria Morales Veyra, El caminante de los pies gigantes, Claudia de Teresa)
EL HADA Y LA SOMBRA
Hace
mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la
tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar
misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus
vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres
amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió
que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos
en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.
El
hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar
todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta
donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos
comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había
anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y
vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas
adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio
camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el
mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al
hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como
los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de
las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque
haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias
a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el
monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces
Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra
quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La
poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y
expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel
Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que
ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad
y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el
día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan
y acompañan a su triste hada.
EL CONCURSO DE BELLEZA
En un precioso jardín vivía la mariposa
más bonita del mundo. Era tan bonita y había ganado tantos concursos de
belleza, que se había vuelto vanidosa. Tanto que un día, la cucaracha lista se
hartó de sus pavoneo y decidió darle una lección.
Fue a ver a la mariposa, y delante de todos le dijo que no era tan bonita, que si ganaba los concursos era porque los jurados estaban comprados, y que todos sabían que la cucaracha era más bella. Entonces la mariposa se enfureció, y entre risas y desprecios le dijo a ti te gano un concurso con el jurado que quieras. "Vale, acepto, nos vemos el sábado", respondió la cucaracha sin darle tiempo. Ese sábado todos fueron a ver el concurso, y la mariposa iba confiada hasta que vio quiénes formaban el jurado: cucarachas, lombrices, escarabajos y chinches. Todos ellos preferían el aspecto rastrero y el mal olor de la cucaracha, que ganó el concurso claramente, dejando a la mariposa tan llorosa y humillada, que nunca más volvió a participar en un concurso de belleza.
Por suerte, la cucaracha perdonó a la mariposa su vanidad y se hicieron amigas, y algún tiempo después la mariposa ganó el premio a la humildad
Fue a ver a la mariposa, y delante de todos le dijo que no era tan bonita, que si ganaba los concursos era porque los jurados estaban comprados, y que todos sabían que la cucaracha era más bella. Entonces la mariposa se enfureció, y entre risas y desprecios le dijo a ti te gano un concurso con el jurado que quieras. "Vale, acepto, nos vemos el sábado", respondió la cucaracha sin darle tiempo. Ese sábado todos fueron a ver el concurso, y la mariposa iba confiada hasta que vio quiénes formaban el jurado: cucarachas, lombrices, escarabajos y chinches. Todos ellos preferían el aspecto rastrero y el mal olor de la cucaracha, que ganó el concurso claramente, dejando a la mariposa tan llorosa y humillada, que nunca más volvió a participar en un concurso de belleza.
Por suerte, la cucaracha perdonó a la mariposa su vanidad y se hicieron amigas, y algún tiempo después la mariposa ganó el premio a la humildad
Hubo
una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales.
Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un
mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más
mágicas si sabes usarlas" El conejito se
moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen
uso.
Al
volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía
caminar."Dame
algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada
salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó,
recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que
sacó una ramita del saco y se la dio a la oveja. Al instante, la rama brilló
con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento
a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la
ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un
gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las
ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.
En
ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas
mágicas que te entregué? ¿Qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el
mago le cortó diciendo ¿No
te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo
que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos
Mostrar
que la generosidad y el dar a los demás suelen revertir en uno mismo de la
forma más imprevista y más grandiosa
Autor.. Pedro Pablo Sacristán

LOS GEMELOS Y LA HORMIGUITA
Después de un gran almuerzo
en una ciudad lejana, una familia celebraba la graduación de uno de sus hijos.
Para continuar la charla fueron a otro ambiente de la casa, mientras que los
niños que aún tenían energía para jugar salieron al inmenso jardín con los
gemelos David y Andrés, sus amigos y primos. Los gemelos jugaban a las
escondidas, algunos a las carreras, mientras otros buscaban palitos de algunas
ramas, piedritas y cualquier cosa que les sirva para jugar.
Pero de pronto uno de los
primos de los gemelos llamado Pedro, se detuvo a observar un largo desfile de
muchas hormigas cada una de ellas llevaban granos de arroz, semillas y pedazos
de hojas hacia un hueco en un rincón del jardín. Todas iban
muy rápido y en fila lo que llamó la atención del niño.
Mi mamá
me contó que ellas guardan comida para el invierno y que son muy
organizadas —dijo David.
Pedro
agarró una de las hormigas y la soltó para pisarla. Al ver esto los niños
quisieron hacer lo mismo pero la mamá de los gemelos que lo observaba todo los
llamó en voz alta y dijo:
—
¿Qué están haciendo?
—Nada —dijo el niño algo nervioso mientras
los demás se alejaron un poco.
--¿Acaso no sabes que las
hormigas están trabajando y solo almacenan con tiempo su alimento? No
las deben molestar, ellas no le hacen daño a nadie. Lo que debemos hacer todos
es aprender de ellas pues son muy trabajadoras y son un ejemplo de orden y
organización que nosotros debemos seguir. Ellas no se cansan y pueden cargar
cincuenta veces su peso sin quejarse para que no les falte el alimento ni a
ellas ni a su familia.
—Qué
interesante —dijo uno de los niños—. Y todos los demás estaban en silencio y asombrados.
Los gemelos dijeron juntos: A partir de ahora
nadie las molestará y les pondremos granos de arroz y algunas migas de pan para
que tengan mucha comida para todos en invierno.
(Autora patricia pajares)




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